Ciro y Los Persas eclipsaron la Fiesta de la Cerveza

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Alrededor de 15.000 almas se agolparon por todos los huecos del Predio Cervecero, en uno de los recitales más importantes que marcaron la agenda de la edición 2015. Una grilla local que pasó por un amplio abanico musical y un encuentro final con el ex Los Piojos, que fue simplemente encantador.

El octeto Bici swing inyectó una refrescante brisa de standards tradicionales y clásicos de jazz, que sumó swing entremezclado en composiciones propias de extracción balcánica y Klezmer en un clima de celebración que invitaba al baile. El rock urbano alimentado en los márgenes de la autogestión volvió al escenario mayor de la mano del quinteto Perfecto Plan. La potente maquinaria sonora comandada por la camaleónica voz de Ale Romano, amplificada por Marcos García (batería) Sergio Nieva (bajo) David Nañez y Daniel Reuvers en guitarra fue entregando capas de potencia y certeros riffs.

Clima de lejano oeste y fiesta de saloon aportaron los mendocinos de La Taba. Western criollo y en castellano llegó con Agustín Verdeslagos (voz y bajo); Yamila Castillo (bajo); Jeremías “Ruso” Rezinovski (voz líder y armónicas), Juan Pablo Gómez (batería) y el experimentado Daniel Camaño (guitarra) para versionar a grandes referentes del género y ofrecer temas propios, cuya insignia fue “La reina del lugar”. De un horizonte sonoro a otro, inexplorado hasta ese momento, los Igualitos, proyecto de los hermanos Francisco y Sebastián Videla y Fidel Mazzarella armó su soundsystem, donde el hip hop, la electrónica y el rap son bienvenidos. En lo musical, visitaron los rincones más festivos de la cumbiatrónica con su particular sello lírico.

Qué placer verlo otra vez

Los últimos visitantes iban apurando el paso, cuando los ecos de sonidos muy familiares parecían apoderarse de las tablas. Todavía, faltaba un rato para la invasión Persa, pero la ansiedad era más fuerte. En su nuevo papel como Frontman de Ciro y Los Persas, Ciro Martínez revalidó su currículum como domador de multitudes en el panteón del rock argentino. Esa garganta valvular que enciende su motor al borde del desgarro en cada nota fue saciando la sed de buen rock de sus seguidores, con canciones para los oídos sub 40 y los nuevos fans.

El sacudón de “Antes y después” fue estructurando esa espesura garagera que estallaba en cada instrumentación de su séquito. Todos los papeles le quedan bien: el de poeta, el de rockero desaforado, el de bluesman renegado y el de concientizador de masas. Casi a la medianoche, se tiró de lleno por más de dos horas en los muros sonoros que iba creando con “Barón rojo”; “Ciudad animal”; “Chucu chu”; “Me gusta”; “Tal vez”; “Servidor”; “Canción de cuna”, la primera balada que cortó (parcialmente) con tanto agite y otras visitas a sus placas post banda de culto, “Espejos” y “27.

En esta fórmula no podían faltar los homenajes a Pappo, los pasajes con su armónica y los éxitos consagratorios propiedad de la tribuna piojosa como “Como Alí”, el ineludible “Tan solo” o la etapa “Tercer arco”. Amagando con un final que parecía esquivar su inevitable epílogo, este acto estuvo firmado por “Mirenla”, el boggie de “Zapatos de gamuza azul”, las esquirlas románticas de “Insisto”; “Astros”, un acelerado “El farolito”, “Genius” y “Noche de hoy”. Ya sea con rock, baladas, candombe o tango, los mendocinos cayeron bajo el embrujo del persa mayor y sus mantras.

 

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