Nada del mundo es real : No hay ningún sueño simple

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La opera prima de Estefanía Ferraro Pettignano nos introduce en una jaula onírica con una tensión amorosa entre Néstor y Amanda, donde los límites de la realidad y el sueño no están delimitados lo cual funciona muy bien. Con uso de palabras inventadas, tratando de opacar el peso de su significado en nuestras vidas cotidianas, sacándoles su negatividad. El espacio está delimitado a lo que podríamos asumir es el de una oficina. Todo lo en la historia puede ser verdadero o ficticio pero la última palabra la tiene el espectador.

La historia indaga también la idealización amorosa cuando nuestros protagonistas elevan la realidad con la fantasía. Ellos luchan con la expectativa y la realidad, pero en los sueños las cosas pueden suceder como realmente lo deseamos. Podemos repasar un momento en nuestra cabeza una y otra vez, hasta que en un momento se convierte en real, impregnado de las acciones que no efectuamos cuando tuvimos la oportunidad de hacerlo.

Todo sucede con el publico en una realidad, nuestros protagonistas en otro universo onírico que en algunos momentos se pone en contacto con el publico para establecer el contexto, tratando de meternos en su realidad, pero esa es la magia del teatro, se puede romper la cuarta pared. Los asistentes pueden dar por real lo sucedido y comprar la historia porque al fin y al cabo los sueños no se descubren hasta que uno despierta.

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