Teatro ciego , un show de sensaciones

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Desde la larga fila de entrada vemos alguien que se acerca con lentes negros. En voz alta y con mucho carisma, nos explica cómo será el viaje y las reglas que debemos seguir para que el show pueda comenzar sin problemas.

La consigna es simple, el teatro en su interior está completamente a oscuras, una especie de túnel acortinado en la entrada asusta y provoca a las personas más curiosas. Para entrar debemos hacer filas de diez y tomar el hombro del que tenemos adelante. Una vez adentro sólo el guía sabe el camino. No podemos iluminar con ningún elemento una vez pasada la cortina, esta regla suena sencilla pero una vez que se está en la oscuridad se hace muy difícil, se siente miedo y mareo, toda la confianza está depositada en el líder que elije por nosotrxs nuestras butacas.

La presentación tardará unos minutos más en comenzar pero la experiencia ya está en marcha. Cuando no vemos nuestros oídos se agudizan por lo que escuchamos todo lo que acontece a nuestro alrededor, tampoco sabemos a quién tenemos al lado o delante (si es que hay alguien). La incertidumbre, el miedo y la expectativa, nuestros oídos al pie de cañon y los ojos cerrados, lo que se siente cuando no se ve.

La historia transcurre en el café bar de Don Martínez, donde el amor, la amistad, el tango, las historias de amigos entre copas, nos van envolviendo, para devolvernos a nuestra infancia, ese lugar donde la imaginación no nos abandonaba ni por un segundo. Los olores, las texturas, las canciones, los sonidos, los recursos que armónicamente nos relatan el pasado, presente y futuro de un bar de barrio.

Fotografía : Florencia Vergani

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